Viajemos contra corriente,
cogidos de la mano,
¿qué mas da lo que digan aquellos
que viven amargados,
adormecidos y muertos?
Subámonos a ese barco,
naveguemos por el océano,
mirémonos a los ojos,
y a la luz del puesta de sol
démonos un beso con mucho amor.
Miremos al frente, no abandonemos,
será difícil, lo sabemos,
pero no hay nada que no daría
por estar a tu lado, vida mía.
Así que capturemos el tiempo,
encerrémoslo en una cápsula,
entreguemoslo al viento,
y que ya no haya nada...
Nada que nos cause dolor,
nada que nos haga rabiar,
que solo hayan momentos
en los que nos podamos amar.
Y si esto tiene que acabar,
que por lo menos sea de mutuo acuerdo,
porque si uno de los dos se va,
el otro queda en el suelo muerto.
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