Cerré los ojos para meditar,
para mi alma atemperar,
y de la nada apareció una paloma,
blanca, suave, arrolladora.
Me abracé a ella, me sentía muy calentita,
afortunada y querida,
y de repente cuando alcé la mirada,
te ví a tí, con tu cabeza alada.
Tu cuerpo era de plumas,
muy suave y reconfortante,
te miré y dí gracias,
porque fín te pude ver.

No hay comentarios:
Publicar un comentario