Me acerqué lentamente a tí para no asustarte,
estabas abstraído con tus cosas y yo tan campante,
posé mis manos en tus hombros,
te dí un beso cariñoso,
me arrodillé a tu lado,
para que me hicieras un hueco allá abajo,
y jugué con tu pantalón,
tocando tu miembro con cuidado.
Te miré de reojo
mientras bajaba la cremallera,
y la mostraste enhiesta,
y sonreí, era un primor.
Le dí un beso y un lametazo,
y me la tragué con cuidado,
lentamente me moví,
atenta a cualquier gemido,
es lo que me gusta a mí,
tener ahí postrado,
que no puedas salir,
y poder hacer según mi agrado.
Agarré tus manos,
para que las posaras en mi cabeza,
me gusta que me domines,
y que me obligues a ir más profundo.
Me moví suavemente,
aunque el ritmo aumentó de repente,
tus gemidos me ponen cachonda,
quiero ponerte a mil por hora.
Tu miembro está temblando,
creo que llega el final,
te chupo un poco más rápido,
hasta que tus piernas empiezan a fallar.
Tus gemidos roncos y profundos
delatan tu final,
ya casi no tienes fuerzas
y te dejas llevar,
mueves tu cadera un poco,
para apretarte contra mi boca,
que succiona cuanto puede,
intentando aguantar,
porque tu polla es muy grande,
y mi boca no lo es.
Siento cómo se estremece,
¡¡ya te vas a correr!!,
me preparo para ello,
y disparas tu placer.
Suspiras largamente y te contraes,
mientras yo intento tragarlo todo,
la verdad es que bien no sabe,
me estremezco, es muy amargo,
pero al final me da igual,
porque es tu cuerpo y tus ganas,
y te he dado placer,
yo también me he puesto a cien.
Te miro con una sonrisa,
me he quedado con ganas,
así que espero que en algún momento suene la flauta,
y también tú me quieras follar.
Esto es un desespero,
porque el deseo es eterno,
solo quiero tener sexo,
y correrme contigo dentro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario