Como una frágil mariposa volando a tu alrededor,
aleteo entre suspiros y en la boca una oración.
Por favor, haz que vuelva a mi lado, señor,
tú que todo lo sabes, y a todo le pones atención.
Soy imperfecta, ya lo sé,
un cúmulo extraño de defectos y alguna virtud,
sé que mi aspecto es lo primero que se ve,
y que relegado queda mi corazón en un ataúd.
Pero es lo único que tengo, en mi pecho una cruz,
y en mi cuerpo maltrecho las heridas, cicatrices de mi vicisitud.
Mis alas no dan de sí, pero sigo yendo a por tí,
gastando a fuerza de batir, rompiendo lo poco que queda de mí,
porque mi alma grita desesperada que todo esto no se acaba,
y que aunque no sea una diosa, tampoco soy una rana.
Vuelo alto o al ras, por el aire dejándome llevar,
deseando que esto se acabe y que tenga un bonito final.
Arroparte con mi cuerpo, con mis brazos y un cantar,
que se escucha alto y claro porque surge gutural,
de lo más profundo de mi alma que encerrada está
en un cuerpo que maltrecho aún guerra da.

No hay comentarios:
Publicar un comentario