Mi cuerpo reacciona con él,
a un gesto suyo puedo acudir,
es más bien como un deseo,
que me toque y me muerda y me agarre el trasero.
Él tiene tal poder sobre mí,
que como una gatita en celo puedo acudir,
y si no me toca donde yo quiero,
tengo que aguantarme porque... Él es mi dueño.

No hay comentarios:
Publicar un comentario