Y cuando esté triste y llore mogollón,
gritaré tu nombre mientras muerdo el colchón.
Soñaré que en la luna me encuentro,
balanceandome en su cuerno,
y tú volarás hacia mí,
y me darás un beso y me dirás con tu voz,
tranquila, Ingricilla, ya estoy aquí.

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