No fuiste capaz de regresar por mucho que te pedí,
te expliqué lo que pasaba y me arrodillé ante tí.
Ni aún sabiendo porqué lo hice no quisiste volver,
y ahora te das cuenta de que metiste la pata por un traspiés.
Y aún así aquí me quedo, sola para no variar,
porque al parecer no valgo la pena, ni para que me quieras escuchar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario