Sé que tenías rabia, que nadabas en ella,
pero oye, si me querías, ¿porqué no la largaste?
Podrías haberla arremolinado y guardarla en una botella,
y tirarla de una vez al mar, para que se fuese con sus semejantes.
Ya sabes, como una tradición,
guardar los pesares en un rincón.
Quemarlos o enterrarlos,
o tirarlos por el balcón.
La cuestión era olvidar, y seguir con aquello,
hablando claro, eso sí, y con mucho respeto.
Pero habría sido bonito el que te quedaras a mi lado,
y que algún dia nos viéarmos y me dieras incluso la mano.

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