Me faltó el aliento cuando te fuiste, no podía respirar.
Lloré lo indecible y gritaba, todo culpa mía, sin más.
La sangre era oscura, pastosa y olorosa, y surgía con la fuerza del mar,
a borbotones de mi cuerpo maltrecho y mi corazón, roto por tu marchar.
Quise recuperarte, buscar unas migajas, pero no me ibas a escuchar...
al final fuí una molestia que de tu zapato tenías que quitar.
Y bueno, ahí demuestras tu humanidad, poco a poco el orgullo irá bajando,
y te darás cuenta de lo que aprendiste con este despertar.
Mi corazón se sostiene a duras penas, porque es fuerte y quiere seguir,
aunque mi mente siempre presente grita, ¡¡que no quiero vivir!!
¿Será que aún nos quedan cosas por vivir?
Tengo miedo de verte, y a la vez, sería un milagro, el poder verte sonreír.
Sangre tiñe mis manos, pedazos de corazón he cosido,
con las hebras de mis venas latientes lo hago fuerte, para que te lo lleves contigo.
Aún pienso en ese atardecer, cuando tan jodida estaba y todo lo cagué.
Pero oye, el tiempo te ha dicho al oído, que yo te amaba, con todo mi ser.

No hay comentarios:
Publicar un comentario